Eva
—¿Estás segura de esto, doñita? —pregunté mientras me detenía ante el túnel más feo que había visto en mi vida. No es que los túneles fueran lindos, eso está claro, pero este no era desagradable: era lo siguiente a desagradable. La vida tenía ese extraño sentido del humor que te pone justo donde no quieres estar… para luego pedirte que salves el mundo.
—¡Ay, Eva, tú y tus cosas! —dijo ella agitando la mano mientras con la otra se apoyaba en su bastón en la entrada. Observó el túnel con sus