Eva
—Él va a volver, es solo que quiere asegurarse. Así es mi hijo: siente la necesidad de demostrar que es el mejor —indicaba Severino. Lo iba a visitar de vez en cuando para saber si sabía de Cachorrito. Sí, me había tragado mi orgullo, dignidad y el buen juicio.
Su casa era tranquila; había muchas fotos del beta, de sus antepasados, ninguna de su madre o de otra mujer. El despecho de esta familia debía ser muy profundo. El hombre vivía por su hijo, por la ciudad, por su deber. Me agradaba, n