Julieta
—¿Estás preparada? —me preguntaba él mientras me vestía. Pasábamos los días y noches entre su departamento y el mío, pero a él le gustaba más el mío, porque tenía mi perfume..
—Lo mejor que puedo —contesté y noté su mirada en el espejo—. ¿Sucede algo?
Él estaba sin camisa, el cabello revuelto de nuestro beso matutino. Cada vez que lo veía lucía más precioso.
—Me encanta verte: cómo te cepillas los dientes, cómo te peinas, cómo te vistes. Cada pequeña acción es como un rito para mí —conf