Damián
Corríamos entre los árboles, una ráfaga de cuerpos en movimiento. Detrás de mí, el rugido de mis guerreros resonaba como un trueno contenido. Sombras de la Noche estaba cerca. Ricardo no sabía lo que se le venía. El poder de la tierra vibraba bajo mis pies, uniéndose a mi pulso. Era como si fuera ónix líquido corriendo por mis venas.
—¡A la señal nos dividimos! —grité.
La noche entera temblaba con nuestro avance. Cuando los primeros túneles aparecieron ante nosotros, me interné sin dudar