Nora
El límite de la manada estaba más solitario de lo habitual. Caminé en silencio, sintiendo ese vacío como un murmullo extraño en mis entrañas. Los senderos, que solían estar llenos de guerreros patrullando o familias cruzando, permanecían desiertos. Quizás era una buena señal, pero mi instinto me decía lo contrario.
Vi a un par de guerreros pasar y los saludé con una leve inclinación de cabeza. Aún me resultaba extraño que obedecieran mis órdenes. No podía creer que mi padre me hubiese dado