Damian
El cuerpo del consejero cayó frente a mí, una bala atravesándole el corazón. El estruendo aún retumbaba cuando otro disparo me sacudió. El impacto en el hombro me arrancó el aire, y el calor de la sangre se deslizó por mi espalda. La fuerza del golpe me tiró al suelo, y Ricardo aprovechó para escabullirse de mi agarre. Mi visión era borrosa, pero aún así pude distinguir el caos que me rodeaba.
Los gritos explotaron como un trueno. El aire se llenó de disparos, rugidos, metal chocando con