El sonido de las llaves cayendo sobre la pequeña mesa de la entrada fue lo único que rompió el silencio sepulcral del departamento de Alisson. Cerró la puerta tras de sí y apoyó la espalda contra la madera, dejándose resbalar lentamente hasta quedar sentada en el suelo. Estaba exhausta. Física, mental y emocionalmente drenada. Se abrazó las rodillas, sintiéndose de repente demasiado estúpida. Como una completa tonta que había creído poder jugar con fuego sin quemarse.
Se levantó con pesadez y c