Habían pasado tres días. Setenta y dos horas de una agonía silenciosa desde que Alisson salió del penthouse arrastrando los restos de su corazón.
En la agencia Fitzwilliam, el ambiente entre la Directora Creativa y el CEO se había vuelto más frío que el invierno. Alisson operaba en modo automático. Llegaba temprano, se escondía bajo sus suéteres holgados y sus blazers rectos, y se ahogaba en hojas de cálculo y paletas de colores para evitar pensar. Cada vez que escuchaba el sonido de unos pasos