Ese susurro ronco, apenas audible por encima de la música de la tienda, golpeó a Alisson con la fuerza de un latigazo. El pánico se apoderó de su cuerpo. El instinto de supervivencia le gritó que huyera antes de que él pudiera acorralarla, antes de que Alessandra notara la conexión eléctrica y destructiva que estaba incendiando el aire entre ambos. Con las manos temblorosas, Alisson dejó caer el vestidito rosa y los zapatos azules sobre el primer estante que encontró.
No miró atrás. Giró sobre