Esa noche, el gran CEO no logró pegar un solo ojo. Dio vueltas en su inmensa cama, atormentado por la contradicción de sus propios actos. Mientras tanto, en su pequeño departamento, Alisson también estaba despierta. Tumbada en la cama, miraba el techo con el ceño fruncido, pensando en lo irreal que había sido la velada. Las cosas se tornaban cada vez más extrañas en torno a Massimiliano.
Era un hombre profundamente ambiguo: le lanzaba un contrato cruel en la cara para borrarla de su vida, y al