Salieron del local envueltos en la brisa de la noche. La situación seguía siendo extraña y todos querían huir de su jefe lo antes posible. Afuera, Massimiliano tomó el control de la logística. Levantó la mano, detuvo un taxi que pasaba y miró a su asistente.
—Sube, Peter. Vete a casa, ya es tarde. Que te lleve directo —lo despachó Massimiliano, cerrando la puerta del vehículo él mismo. Peter asintió y se marchó en la noche.
Casi al mismo tiempo, Regina, en un ataque de pánico por alejarse de su