El reloj seguía su marcha inexorable, marcando cada segundo que los acercaba a la hora de la transferencia. Massimiliano Fitzwilliam, el hombre que decidía el destino de corporaciones enteras en un parpadeo, se encontraba paralizado frente a la pregunta de su asistente. Anular el contrato. La frase le zumbaba en los oídos.
Peter esperaba pacientemente, notando cómo la coraza de su jefe parecía a punto de fracturarse. Finalmente, Massimiliano carraspeó, rompiendo el espeso silencio.
—Que la tran