La madrugada trajo consigo todo menos descanso. El reloj digital sobre la mesa de noche de Alisson marcaba las tres de la mañana cuando un estruendo violento la hizo saltar de la cama, con el corazón desbocado. Alguien estaba golpeando la puerta de su departamento con tanta fuerza que la madera temblaba.
—¡Alisson! ¡Abre esta maldita puerta! —la voz arrastrada y escandalosa de Brenda resonó en el pasillo, seguida de otro golpe sordo.
Alisson se frotó el rostro, sintiendo una mezcla de agotamien