—Señorita Harper —su voz profunda y autoritaria resonó en el pasillo, cortando la respiración de Alisson—. Necesito que venga a mi oficina. Necesito discutir algunos asuntos laborales urgentes con usted.
Lo dijo con una formalidad impecable, adoptando la postura de un jefe que realmente necesitaba tratar un tema de trabajo crítico. Pero Alisson vio el brillo calculador y furioso en su mirada zafiro. Sabía perfectamente que eso no era cierto.
Sintió que la sangre le hervía. «El muy idiota de Mas