El resto de la jornada laboral de Alisson se convirtió en una carrera frenética contra el reloj. Sus dedos volaban sobre el teclado, terminando los reportes pendientes y puliendo los detalles de la campaña publicitaria mucho antes de la hora de cierre. No quería dejar ni un solo cabo suelto que le diera a Massimiliano la más mínima excusa para retenerla ni un minuto más de lo necesario. Apenas el reloj marcó el final del turno, apagó el ordenador con un movimiento brusco, tomó su bolso y huyó d