El reloj marcó la hora del almuerzo, y con él, la oficina pareció respirar aliviada. El equipo de diseño, liderado por Regina, Miranda y Noah, se había organizado con rapidez para aprovechar los noventa minutos de gracia que Peter había anunciado. Alisson Harper los acompañó, aunque su entusiasmo era nulo y su cuerpo le pedía a gritos que se quedara recostada sobre el escritorio.
Al final, la democracia del equipo había hablado, y el restaurante elegido resultó ser un ruidoso local especializad