Cuando Alisson regresó a su puesto, las piernas todavía le temblaban ligeramente. Faltaba bastante para la hora del almuerzo, pero su cuerpo le exigía energía. Como había vomitado todo lo poco que había ingerido por la mañana, sentía un vacío doloroso en la boca del estómago. Sacó un paquete de galletas saladas de su bolso y comenzó a merendar. Comer, aunque fuera algo pequeño y a regañadientes, hizo que su estómago se lo agradeciera, asentándose un poco.
Pero el malestar físico era lo de menos