El mundo de la seducción era un terreno peligroso de explorar. Aunque aquí, las libertades eran amplias, las sumisas tenían una orden clara, en la mansión debían obedecer a sus dueños.
Por ello, me quedé helada al ver que Eduard caminó hacia Sam, cuando la música cesó.
El tiempo pareció detenerse. La música se cortó dejando un silencio devastador y penetrante. Miré a Eduard, estaba un poco pálido y se notaba que había tenido una descompensación. Eso no lo hacía ver menos molesto.
El infierno ar