Me quedé paralizada. El frío inundó cada parte de mi piel a causa del temor. Tenía tanto miedo, estaba temblando.
Si tenía que apuntar y…
No, yo no iba a dispararle a alguien. Demonios, maldije, yo misma me metí en este lío. Quien sabe que estaba allí afuera, acechándome.
Los pasos iban acercándose cada vez más. El sonido de las pisadas era sonoro, debía ser un hombre, pesado, por lo que podía percibir.
Me acurruqué en mi escondite que era tan estúpido como considerar la idea de disparar. estab