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Capítulo 118.3- Ery Avery en Escena 36- Preludio de Muerte

Acto III- Su vida sin ella~

Me pregunto cómo se sentiría Galia si supiera que su sacrificio fue en vano, después de todo entregó cinco años de los que le quedaban de vida solo para que ese hombre miserable tuviera una oportunidad de conocer mejor a mi pareja. Fueron cinco años los que que estuvo ella a su lado y también esa misma cantidad de tiempo la desperdició con desprecios por su propio orgullo.

A este mismo hombre lo detesté el mismo día que supe de su existencia, cuando ella le llamó entre sueños por primera vez. Desde entonces lo he llamado mi rival. Por algun motivo extraño comencé a conocer más sobre ella a través de él, vi desde su vida cotidiana todos aquellos días llenándome de rabia al desear con todas mis fuerzas robar su cuerpo y quedarme en su lugar, así ella podría ser feliz porque yo si sabría apreciarla, amarla hasta la muerte.

Lo odiaba, repudiaba el hecho que él pudiera vivir en el mismo lugar que ella, que tuviera su corazón el cual pisoteaba cada oportunidad “Si tan solo pudiera tomar su lugar” pensé muchas veces, pero todo eso fue parte de mi propio egoísmo y quizá también orgullo porque deseaba con todas mis fuerzas que fuera mía. Creía soberbiamente que mis sentimientos como lobo son superiores a los de cualquier ser humano.

Me equivoqué.

Cadence no es una mujer tonta, jamás se habría sentido atraída por alguien que realmente fuera un completo cretino, parece serlo, aunque ahora desde sus ojos puedo saber mi error.

Eren Eardwulf no será un lobo cambiaformas, pero es tan leal como uno.

Acostada en el féretro descansa  Cadence Beckham de 24 años de edad, sus manos están acomodadas en una posición cruzada como si abrazara su pecho protegiendo su corazón de ser llevado por alguien. Debido al maquillaje parece una joven dormida y no alguien que fue besada por la muerte pocos días atrás.

El vestido favorito de su abuela y sus desgastados zapatos los lleva puestos como una armadura para enfrentar al más allá, aunque a la maquillista fúnebre le pareció extraño, Eardwulf insistió en que debía llevar ese atuendo y ningún otro.

Es irónico, aquel vestido que tantas veces había criticado y pensado en reemplazar con ropas más bonitas, ahora le parece lo más precioso y adecuado para ella. Sabe que así lo habría deseado ella, fueron años difíciles extrañando a la señora Marigold Beckham. Finalmente podrá reunirse con ella y abrazar a su madre quien también murió de una manera lamentable.

Bjorn Bingley, quien se considera a sí mismo como una figura paterna para Cady, no podía creer la lamentable noticia. Con una voz ronca lamentó un poco su situación, al mismo tiempo admitió sentirse aliviado de que su muerte fuera rápida. No, no es que fuera un hombre frío, es más bien porque había seguido tan de cerca su situación que no solo le había tomado cariño, también conocía lo mucho que había sufrido desde tan corta edad con la partida de su madre.

"Pobrecilla, por años intentamos ser una familia para ella. Pero creo que terminamos afectandole más al acercarnos descuidadamente, ver la armonía de nuestra familia quizá fue una tortura mayor que el señor Dawson" 

Aunque el señor Bingley ayudó con los preparativos inmediatos para despedir a Cady, el mismo no se atrevió a asitir a ceremonia. Él no culpa para nada a ese hombre que le ayudó por tantos años a Cady. Está seguro que si su amada pudo mantener una sonrisa sincera como la que le mostró en su cumpleaños, fue porque aquella familia si supo tocar su corazón.

"El padre de Cadence por otro lado..." pensó Eardwulf en ese momento, ese si es el verdadero monstruo que fue devorando la felicidad de esa joven. Aunque no había pruebas, Bingley también estaba convencido de que tuvo algo que ver con la caída de las escaleras.

Cadence nunca tuvo hermanos, fue una conmoción para todos enterarse de que su madre estaba embarazada de casi 19 semanas.

Aquel neonato nunca tuvo nombre, por esa razón mi pareja leía cada que tenía oportunidad nombres y sus significados pensando en cuál sería el más adecuado para su hermano.

Me pregunto la cantidad de nombres que habrá leído, las veces que repitió cada uno hasta saciar esa curiosidad sin tener una verdadera respuesta.

Eardwulf no puede evitar imaginarse a esa versión de Cadence Beckham, vulnerable, ocultando sus problemas incluso de su mejor amiga, sonriendo para su abuela, fingiendo que todo estaba bien no solo para no alarmar a la anciana sino para evitarse los duros golpes de la realidad.

Cuando su abuela murió, ese fue tan solo un conteo en reversa de soledad y agonía hasta que finalmente este tuvo fin.

Si tan solo supiera que él también agoniza por su partida quizá habría elegido aferrarse a la vida un poco más. Un destello plateado libera un momento a ese hombre de sus pensamientos tormentosos.

Observa lo bien que le queda aquel broche que ella misma había guardado prohibiéndose volver a usarlo. Antes de que comenzara la ceremonia fúnebre, el mismo Eardwulf acomodó el broche en su cabello.  Pensaba poner la liga bordada que no le había devuelto desde el primer desastroso incidente pero decidió conservarlo como un recuerdo suyo. En su lugar quería acompañarla al más allá por medio de aquel objeto.

—No entiendo por qué te creíste indigna de llevarlo. Creo que se te ve muy bonito. Nunca te lo vi puesto—solloza—me habría encantado verte usarlo. Edward ya me contó lo que hablaron en la cafetería, incluso que me llamaste m4m0n. ... Me dijo que nunca habrías aceptado tener una relación seria conmigo por estar sucia.

El salón de la funeraria se encuentra vacío, aquel “Grant” miserable es el único que se encuentra ahí. El silencio es tal que su voz rebota como si se encontrara hablando dentro de una cueva.

— ¿Por qué dijiste eso? Cadence—Gruñe y aprieta los dientes—nada en ti es sucio ni indigno. Amo cada parte de ti, también tus inseguridades. Incluso si no fueras virgen---

Calla un momento, sus recuerdos un poco borrosos por la adrenalina del momento no me dejan ver el rostro de ese hombre al que menciona y que él tanto quisiera ahorcar con sus propias manos, romperle el cuello, torturarle hasta en la siguiente vida.

—No fue tu culpa lo que sucedió—su voz se hace cada vez más grave— Lo golpee con fuerza, me encargué de deformar su cara, lo dejé sin posibilidad de volver a meter su sucio... en la boca de alguien más—Sus dientes rechinan con el gran odio que tiene por ese hombre—No es suficiente, debí hacerles agonizar hasta suplicar que terminara con su vida.

Si no se hubiera contenido por tener alguien más importante por quien preocuparse, no le habría dado tiempo a esa maldita rata de escapar. Tendrá que poner un precio sobre su cabeza así poder encontrarlo pronto. Por supuesto, especificará que debe estar respirando, todavía. El hombre al que envió al hospital psiquiátrico fue afortunado por ser familia de su amada. Aun así ganas no le faltan para hacerle otra “visita” en el Edén de su infierno.

Sus ganas de hacerle pagar con creces comienzan a enfriarse al ver el apacible rostro de ella, la maquillista fue tan profesional en su trabajo que incluso supo emular el ligero rubor de sus mejillas como en el retrato en la pantalla que le mostró Eardwulf pidiendo que se viera así de natural.

—Siempre callaste, nadie sabía lo mucho que tuviste que soportar. Perdón—Se disculpa con otro sollozo—  si lo hubiera notado antes... si tan solo me hubieras dicho que tenías un acosador.

¿"Acosador"?

Eardwulf solo puede conformarse por el momento en imaginarse todas las torturas que usará con el maldito desgraciado que se atrevió a tocarla sin el consentimiento de Cady.

— ¿Por qué lo callaste? Yo jamás te habría dejado sufrir todo eso sola.

Incluso como el estúpido que era en el pasado, está completamente seguro, nunca habría soportado verle sufrir. No importa cuánto fuera su orgullo ni lo mucho que quisiera mantener su distancia, al verla en problemas se habría vuelto una fiera.  

—Tú me gustabas. Me gustabas desde antes, mucho antes de esa noche de abril.

Pero es demasiado tarde.

—No, nunca será tarde—Responde Eardwulf—Sé que me escuchas... Escúchame... Te amo.

Cada vez que esas palabras salen de su boca siento un gran peso y punzadas en mi propio corazón. Es insoportable escuchar a otro hombre decir que ama a mi pareja, peor aún mi rival al que ahora veo como alguien desafortunado.

—Te amo...

Sus lágrimas caen sobre el rostro de ella.

—Te amo, Cadenza.

Toma su mano izquierda con cuidado y se inclina besando el dorso, específicamente en el nudillo de su dedo anular.

—Te amé todos estos años sin saberlo, aún te amo.

Está completamente seguro que eso jamás cambiará. Se ve a sí mismo amando a la misma mujer que yo hasta que la muerte se compadezca y le permita terminar con esa agonía.

No es religioso sin embargo cree en que aquellos que se quitan la vida sin ser su hora, se convierten en seres que se quedan vagando como fantasmas o en el limbo por la eternidad. Es lo último que desea, porque planea seguir a Cadenza hasta el otro lado cuando finalmente llegue su hora.

Buscarla incluso si al llegar al paraíso fuera llevada a otro reino por accidente, pasaría por cada portal, cada infierno, cada purgatorio, la seguirá incluso después de la muerte.

En un impulso vuelve a sacar la pequeña caja donde guarda un sencillo anillo de plata. Eligió este porque escuchó que son los que intercambian los esposos en el altar ¿Para qué entregarle un anillo de compromiso si el objetivo era unirse a ella de inmediato? 

Es cierto, no importa si es en vida o muerte, él ya lo ha decidido. Estarán juntos por la eternidad. Con cuidado saca el pequeño objeto de su caja, besa el anillo luego lo desliza en su dedo anular izquierdo.

—Vuelve... Incluso si parece algo absurdo como un cuento de hadas. Despierta, regresa a mí...

Eardwulf no cree poder soportarlo tampoco.

Una vida sin ella, incluso si fuera un solo día...

Es la muerte misma.

—Mi Shätzchen, no me dejes. No cuando apenas comenzaba nuestra preciosa historia.

Fue solo un beso, no fue miserable ni decepcionante sin embargo desearía mucho más que eso.

Desea exactamente lo mismo que yo. Cada palabra pareciera que sale por mi boca.

"Es injusto" piensa él lamentando la crueldad del destino. Tan solo fue una vez, debió hacerlo más veces. Esa tarde cuando su abuelo exigía que se presentara en su oficina debió hacerle caso a su impulso y besado a esa mujer hasta desaparecerle el piso.

Si se hubiera quedado ella no habría escuchado esa conversación que le hizo creer lo peor de él. Maldice con todo su ser la estúpida decisión de esperar un mes para ser completamente sincero con ella. Sí, eso es de lo que más se arrepiente.

— ¿Puedes concederme ese único deseo? Mírame, hay tanto que nos falta por vivir, mi preciosa Shätzchen.  No puedo casarme contigo por ley, pero si puedo hacerlo ante la Diosa luna en espíritu.

Como un ávido lector que disfruta de las buenas historias tiene un personaje literario favorito, inesperadamente no es un lobo pero es alguien con la determinación y fiereza de uno.

—Yo, Eren Grant Eardwulf te tomo como mi esposa a ti, Cadence Beckham. En esta y todas mis vidas.

Así es, no importa si la muerte interfiere, encontrará la manera de traerla de vuelta. Si eso no es posible, agotará cualquier mito. Hasta entonces tendrán que conformarse con el simbolismo de los anillos, las bodas religiosas son mera formalidad, no necesita nada de eso para unirse a ella.

Cuidadosamente acomoda su mano de vuelta y observa el brillo en su dedo, le queda perfectamente.

—No creo respetuoso que le pongas ese anillo sin permiso.

Una voz que me hace sentir gran nostalgia habla detrás de él,

—Abu... Ermenwulf.

—Grant.

El semblante de su abuelo es un manojo de decepción y juicio constante.

Desde que Cadence murió, Eardwulf no ha regresado a la oficina, ni siquiera le notificó a Ermenrich sobre ello.

Entre sus esperanzas de que ella despertara pronto y los preparativos para el funeral, la Cabeza de Eren solo podía enfocarse en una sola persona.

Seguramente Edward se lo habrá contado.

Antes se estaría inclinando y besando el suelo por donde pisa con tal de ganarse su favor, ahora eso no le importa. Los últimos meses ya había errado constantemente, por la mujer a la que ama hizo muchos actos cuestionables incluso dentro de la misma empresa. Era el colmo que no se haya presentado a trabajar ni le dijera que uno de los “activos” a su cargo había fallecido por su negligencia.

— ¿Vienes a despedirme? Después del funeral puedo vaciar la oficina---

Inesperadamente, en lugar del sermón que espera, su abuelo lo abraza. Eren ni siquiera recuerda con certeza cuando fue la última vez que tuviera aquel gesto de afecto con alguien de su familia.

— ¿Crees que soy un desalmado? Comprendo cada onza de tu dolor, Grant.

Quizá es por la impresión, tal vez la falta de calor en esos días helados desde que ella se fue, pero aquel abrazo acaba de quebrarle por completo.

—Cuando me llamas por mi segundo nombre es porque vas a regañarme—Solloza hablando bajo.

Ermenrich le abraza con mayor fuerza. Eren es alto y sus días de entrenar en el gimnasio lo han vuelto demasiado robusto para los brazos de ese anciano pero ha logrado abarcar su corpulencia sin problema.

—Insensato ¿Cómo crees que voy a desamparar a mi nieto cuando está experimentando una pérdida?

Es suficiente, Eren no puede resistirlo más y llora como un niño pequeño.

—Ermenwulf... La amo.

—Lo sé.

—Vi un futuro a su lado…

—Lo sé.

—Ella es mi Shätzchen…

—Te entiendo perfectamente—Golpetea con cuidado su espalda.

— ¿Puedo enterrarla con nuestro apellido?

El anciano gruñe y aparta su abrazo mirándole con firmeza.

—Eso sí que no.

—Creí que te agradaba—Dice Eren limpiando sus mocos con la manga de su saco.

—Me agrada, mucho—admite—Qué más quisiera, Eren. Ver casado al mayor mujeriego de la familia finalmente sentando cabeza es un sueño hecho realidad.

Al ver que su nieto no entiende razones suspira y pellizca en el puente de su nariz.

—Pero no le puedes cambiar el apellido a un muerto, no importa cuán poderoso seas ni tus riquezas.

El hombre insensato suspira, tiene razón. Además, con lo mucho que ama a su abuela, es mejor que ella siga siendo Beckham.

—Grant, cuando me dijiste que querías casarte dudé mucho en sí debería permitirlo.

— ¿Por qué?

—Hablaremos de ello después. Aún tengo asuntos que atender—Se detiene un momento— ¿Puedo despedirme de mi estrella en ascenso?

Eren asiente.

—Desafortunada joven, supe desde el momento que leí "flores de caléndula" que sabrías tocar un corazón Eardwulf. No me equivoqué contigo. Pero si me equivoqué al dejar que estuvieras tan cerca de la maldición de nuestra familia.

“¿Maldición?” Pensamos Eardwulf y yo.

—Te ruego me perdones por ello. Aun así no me arrepiento, tocaste el corazón de mi nieto y por ello te estaré eternamente agradecido.

— ¿Cuál maldición? —Pregunta él con sospecha.

—Eren Grant Eardwulf, seguro te habrás dado cuenta. No hay mujeres en nuestra familia.

Eren asiente con algo de duda.

—Tu madre, tu abuela... Nunca ha nacido mujer alguna en nuestra familia. La única mujer Eardwulf es tu madrastra. Pero tú padre no la ama así que no cuenta.

— ¿Qué quieres decir, Ermenwulf?

—Cuando un Eardwulf se enamora---

La conversación se ve completamente interrumpida por el sonido de unos pasos firmes como cascos de caballo, ruidosos cual marcha de procesión para un criminal.

¡PLAF!

Antes de siquiera poder reaccionar ante la mujer que se le ha plantado de frente, esta le saluda con una pesada y sonora bofetada.

Aun procesando de dónde provino aquella bofetada, su abuelo observa sorprendido a su nieto quien no reacciona ante aquella agresión. La mujer sin sentirse satisfecha le golpea nuevamente, después le pega otra bofetada hasta que estas se vuelven una sinfonía completa cual oda de repudio hacia quien lo merece.

Eardwulf no necesita mirar para saber quién es, resignado espera recibir alguna lo suficientemente fuerte como para dejarle inconsciente.

— ¡MALDITO EARDWULF! —Le dice a regañadientes— ¡SEIS MESES! ¡SEIS P#T0S MESES ME TUVISTE LEJOS DE ELLA Y AHORA QUE POR FIN PUDE REGRESAR, ME ENTERO QUE NO LA CUIDASTE BIEN!

Sarah Bingley tampoco parece la misma de siempre, su piel se ha tostado más debido al sol de las Islas Maldivas, debajo de sus ojos tiene unas grandes ojeras, su mirada penetrante refleja un profundo odio a partir de la rabia y el dolor.

A pesar de su ira, le basta con ver el féretro para cambiar aquel semblante frío por uno lleno de tristeza.

—¡Cady Cad! Ya puedes despertar... Querida hermana... Mi amiga, mi todo… Despierta, vine por ti ¡Vamos a casa!

Pero Cady continúa en su eterno sueño.

—Estuviste sola todo este tiempo ¿Verdad? Perdóname, incluso si no fue por algo que decidí... Debí pelear e insistir. Al menos exigir que me permitiera hablarte al menos una vez...

Eren no puede soportar ver a la mejor amiga de Cady llorar, aunque la llama en su cabeza una “hija de Lilith” se arrepiente por haber enviado a Sarah lejos evitando que tuviera contacto con mi pareja para que esta no le revelara un “secreto” que él quería mantener a toda costa.

No puedo creerlo, Cadence me dijo que su mejor amiga dejó de comunicarse por meses, incluso que se enteró de que mantuvo contacto con todos excepto ella. Pero es su propia amiga quien reclama a Eardwulf por alejarla de ella por tanto tiempo.

Al igual que mis actos pasados en que envié tres meses a Hershey lejos para rechazar a Candace Var Sansa, él hizo algo similar solo que fue el doble de tiempo.

De pronto el hombre miserable con el que comparto un cuerpo siente una gran alerta, ve a Sarah alzar el puño, no necesita esperar para saber lo que hará.

— ¡CADENCE! ¡CADENCE BECKHAM! ¡DIJISTE QUE ESTARIAMOS JUNTAS SIEMPRE! ¡REGRESA!

Eardwulf atrapa por la muñeca a Sarah, como un lobo protegiendo a su pareja le gruñe y observa con desafío a la mujer. Ella se ve sorprendida por un momento.

—Pégame cuanto quieras, toma un cuchillo, apuñálame, desquítate, hazme sangrar ¡Puedes matarme si lo deseas! ¡Jamás te atrevas a golpear a mi mujer!

A pesar de sentirse culpable, jamás permitirá que le falten al respeto a los restos de quien considera su compañera de vida. Libera su muñeca aventando su delgado brazo haciendo que Sarah casi pierda el equilibrio.

La joven mujer abre sus ojos como un par de lunas redondas, se ha quedado pasmada un momento, respiración lenta, aterrada como una presa con su puño aún apretado al que protege con su otra mano abrazándola contra su pecho. Traga saliva, poco a poco su respiración se agita hasta que libera una sonora carcajada.

— ¡¿TU MUJER?! ¡ES INCREÍBLE TU DESCARO!

De inmediato corre hacia él y le golpea el pecho con los puños.

Sus golpes parecen débiles a comparación de la dureza de los pectorales de ese hombre musculoso, eso le hace enfadar mucho más.

¡BAM! ¡BAM! ¡BAAAM!

— ¡TE ODIO, TE ODIO, TE ODIOOOO! ¡MALDITO! ¡NO TIENES IDEA DEL DAÑO QUE LE HICISTE! ¡OJALÁ QUE JAMÁS PUEDAS DORMIR POR LAS NOCHES, HIJO DE---!

— ¡Sherry, ya basta! —El hombre que comparte el mismo rostro de mi Gamma detiene su mano— Sabes que lo que dices no es cierto.

Atrapando a Sarah de las muñecas aparta a esta de la vista de Eardwulf mientras la mujer forcejea con todas sus fuerzas.

—Ruego disculpen su comportamiento, mi esposa además de sentirse desgarrada por la horrible noticia, anda muy hormonal por el embarazo.

Al igual que Jerome, Josh Bury parece respetar a Eardwulf como si fuera su Alfa.

—…. —Él no le responde, incluso con su dolor sabe ocultarse bajo una máscara de frialdad absoluta.

—Pero no ha dicho todas esas acusaciones en serio—Dice el hombre viéndolo directo a los ojos—Usted si es un auténtico canalla, pues hizo todo de la peor manera, no lo voy a negar tampoco.

Silencio, sepulcral, vacío, pesado e incómodo.

—Yo también pensé en reclamarle pero veo que la perdida es igual de grande para usted o más.

Nuevamente Sarah se ríe, sus lágrimas son un torrente de odio puro. Con gran fuerza empuja a su esposo quien cae al suelo, es un hombre que podría pelear de vuelta pero nunca se defendería de su pareja.

— ¡Tú también eres un canalla, Josh! ¡Por ti creí en ese estúpido! ¡Creí como tonta en tus malditas palabras y confié en ese demonio---!

Señala a Eardwulf acusatoriamente agravando su voz, aparenta contener sus lágrimas en vano pues estas caen como pesadas y gruesas gotas por sus mejillas.

— ¡¿Estás satisfecho?! ¡Finalmente tienes lo que tanto querías! —Su voz resuena más que un grito como un rugido de guerra— ¡LA MATASTE!

—Bingley…—Dice el miserable y triste hombre con gran pena—Ninguna palabra será suficiente para expiar mis culpas---

— ¡AHÓRRATE TU DISCURSO BARATO, DEMONIO DEL INFIERNO! ¡NI CON TU PROPIA VIDA PODRÁS PAGARLE TODO EL DAÑO QUE LE HICISTE!

Toda esa rabia, aquel dolor, esa sed de venganza, se apagan un momento con solo voltear hacia el féretro. Traga saliva y su voz se suaviza, como un susurro tembloroso.

—Debí regresar remando con una cuchara de serme posible—solloza—No debí dejarte jamás en manos de ese monstruo.

Con otro sollozo limpia sus lágrimas y también sus mocos goteantes, no le importa siquiera su esposo que continúa viéndole desde el suelo sin poder consolarla siquiera un poco. Decidida camina empujando a Eardwulf con el hombro y también aprovechando este movimiento para pegarle con el codo.

Nuevamente se asoma intentando reanimar a Cady.

—Cadence… No me hagas esto… Tienes que despertar—Solloza—Estoy aquí, vamos a casa...

Aquella escena es desgarradora para él, nunca imaginó cuán importante es mi pareja para Sarah Bingley. Sabía por Cady lo mucho que ella adoraba a Sarah mas nunca imaginó lo mucho que Sarah adora a Cady. No hasta ahora, cuando puede presenciar todo su dolor.

No solo había separado a Cady de su mejor amiga, había intervenido cruelmente en el lazo de dos hermanas.

—Abre los ojos… Cady Cad… Ya puedes dejar de fingir, no dejaré que te moleste más—Sus lágrimas caen mientras su hermana del alma sigue sin responder— ¿Me estás castigando? Yo nunca te dejé, traje muchos regalos para ti, si despiertas te los mostraré---

Poco a poco su voz suave se agrava, pasa de ser un susurro a un grito de desesperación.

—¡¡DIME!! ¡¡DIME QUE ES UNA BROMA, CADENCE---!!

 Nuevamente se detiene, una gran bocanada sale por su boca que tapa con horror y voltea para ver a Eardwulf con recelo mientras aprieta sus dientes y le habla con rabia.

— ¡¿Qué es esto…?!—Ríe entre sus dientes, seca y amargamente, elevando su voz con cada pregunta— ¡UN ANILLO! ¡¿TE ATREVISTE A PONERLE UN JODIDO ANILLO?!

Antes de que Eardwulf pueda reaccionar Sarah es rápida, toma la mano de Cady y arrebata el anillo de su dedo, luego se lo avienta al hombre cayendo este contra su pecho, el aro rebota dejando el tintineo de su caída.

Eren Grant tonto se mantiene en silencio, camina hacia donde cayó su anillo, levanta este del suelo y limpia cuidadosamente el aro, lo abraza contra su pecho.

—Sarah, incluso si fueron cercanas eso que acabas de hacer fue una falta de respeto—Recalca Josh con una voz seca.

— ¿Falta de respeto…? —Ríe de nuevo hasta que su voz resuena como una bruja en una cueva— ¡¿QUIÉN FALTÓ AL RESPETO DE UN MUERTO SI NO FUE ESE IMBÉCIL?!

Josh intenta en vano acercarse a su esposa y tocar su hombro que la mujer aleja con fiereza.

— ¡No me toques! —su esposo retrae su mano esperando que pueda calmarse.

—Sarah…

—Lo defiendes porque fue tu amigo en la primaria—le dice casi sin emoción—Como idiota creí en tu estúpido cuento de hadas, aunque sabía que era el mismo niño que la atormentó en su infancia, pensé que tantas coincidencias eran una señal del destino.

Sarah Bingley llora limpiando sus lágrimas mientras cuenta la felicidad que sintió cuando Josh le contó sobre aquellos días en la primaria. Quería creer que el haber conocido a su esposo quien comparte el mismo pasado debía ser obra de algo más grande, una serendipia.

—Eden Wolf, desde el principio esto no fue una serendipia sino una jodida y retorcida maldición. Eres muerte, desgracia, calamidad… Debí saberlo cuando te olvidó por primera vez, esa fue una señal de alerta.

Casi como si le llamara mala semilla lo asocia con un parásito de mala suerte que fue acabando con la vida de la desafortunada Cadence Beckham, lenta y tortuosamente.

Eren, sin soltar el anillo, perdedo en su diseño sencillo tan solo puede escuchar mientras piensa en que todo es cierto.

—Desde que la señora Camelia falleció, Cadence ha pasado de una pérdida a otra acabando con su felicidad hasta marchitarse… Yo deseaba verla sonreír de nuevo, tener esperanzas—Ríe secamente—Por eso creí en un mujeriego patán, soy patética por pensar semejante pavada.

Para este punto Eardwulf preferiría que lo golpeara, incluso que le gritara como solía hacerlo por teléfono, sus palabras sin sarcasmo y esa voz como si se hubiera resignado a también perder su propia felicidad es peor que un puñetazo en la cara.

—Ya basta.

La voz que irrumpe sorprende a todos, incluso a mí, Eardwulf ve con asombro al mismo Ermenrich Eardwulf golpear con su bastón el suelo. Aunque no lo utiliza seguido lo lleva en caso de necesitar pararse por ratos prolongados.

—Esto no es una trinchera, no es ninguna guerra, es un funeral. La joven de ahí es casi una hermana para ti ¿acaso quieres que en un momento sacro como este esas sean tus últimas palabras?

El hombre ya veterano de la vida había permanecido todo ese tiempo escuchando sin mover un solo dedo. Permitió que la mejor amiga de Cady descargara su enojo, listo para intervenir cuando le pareciera necesario.

Ante la voz serena de la razón todos callan, como si todos estuvieran avergonzados, tuercen la boca tragando sus palabras hasta que finalmente Josh Bury es el primero en atreverse a hablar.

—Me llevaré a Sarah, si se altera de más puede afectar a nuestro bebé.

—La procesión fúnebre comenzará en una hora—Remarca Ermenrich.

—Ahí estaremos—Asegura Josh quien camina con Sarah hasta la salida.

Eardwulf, quien no sabe quedarse callado pues cree deberle de más tanto a Cady como a Sarah, se planta en medio de la puerta.

—Sarah Bingley… Si pudiera regresar en el tiempo, incluso si el costo fuera mi propia vida lo haría, daría lo que fuera para recuperarla.

— ¿Regresar en el tiempo? —Dice Sarah como un susurro—Dudo mucho que Cady Cad merezca tal desgracia—aprieta los dientes—Al menos en el lugar en el que está ahora es libre de ti.

Eardwulf escucha como le llama una escoria escupiendo todo el veneno posible mientras le asegura que ella también, si pudiera evitar que conociera a Cady, daría lo que fuera incluso su propia vida.

—Si pudieras regresar en el tiempo, hazle un favor. Nunca más vuelvas a cruzarte en su camino, no la veas, no le respires cerca, deseo que te olvide.

Sarah empuja a Josh y camina digna hasta alejarse lo suficiente, luego cubre su rostro y permanece ahí de pie un rato. Aquella silueta vestida de luto que tiembla débilmente es una tortura para Eardwulf.

Josh le toma del hombro y niega con la cabeza, sin palabras le ha aconsejado que no la siga más ni intente razonar con ella.

—No hagas caso a las palabras dichas con el dolor de su corazón, ese no es su verdadero deseo…

Eardwulf se aparta de Josh negando con la cabeza y una sonrisa seca en los labios como si quisiera burlarse de su propia tragedia.

No importa si lo dijo por el enojo o por tristeza, todo aquello es la verdad. Todas y cada una de esas palabras, conocerlo fue una desgracia para Cadence Beckham. Él cubre su rostro y se pregunta si debería regresar el anillo al dedo de su amada.

Antes de acobardarse al sentirse indigno por sus acciones pasadas, otra voz inesperada llega en el preciso momento en que necesita de una señal.

—Hermano… —Edward le mira extrañado en la entrada

Con una sonrisa boba finge no saberlo e intenta disfrazar aquella discusión con Sarah con alguna broma estúpida fuera de lugar que hace enfurecer a Eardwulf. Al ver su error se disculpa mencionando que en realidad no es bueno para hablar con las personas y que decir algo gracioso es su manera de romper la tensión.

—Ten, Er—deposita en su mano un pequeño frasco transparente completamente vacío.

Tanto Eardwulf y yo nos preguntamos qué se supone que es aquella cosa hasta que las palabras “Armandi” captan su entera atención por un breve momento.

—Lo llevaba en su bolsillo el día del accidente— Responde sin esperar a que le pregunte—Está vacío como puedes ver.

Mientras Eren analiza cauteloso aquello que aparentemente fue una posesión valiosa para Cady pues lo llevaba con ella incluso cuando estaba en ese estado mental, su hermanastro continúa hablando.

— ¿Quieres saber cómo logré acercarme la primera vez?

Eardwulf no responde, tampoco asiente ni niega, en su cabeza comienza a juntar las piezas de un enigma completamente nuevo.

Las palabras de Edward me desconciertan, la historia detrás de ese pequeño frasco es algo intrigante. El día en que Ed se acercó a Cady ella estaba en una tienda preguntando sobre cierta “fragancia” la misma que Eardwulf lleva todos los días puesta.

Cady deseaba ver el mar, incluso yo sé lo especial que es para ella. Lo que yo no sabía era el olor que contiene esa fragancia porque no la puedo percibir en mis sueños. Los lobos tenemos un aroma único para nuestra pareja, es lo que nos identifica, sin embargo ningún lobo puede olfatear su propia fragancia. Sabe cuándo algo huele como su posesión sin embargo este no es el aroma que percibe su pareja.  Bergamota, cítricos, un toque de mar salado y en calma… Ese es el olor del protagonista en cualquier versión de las historias escritas por Eardwulf y Cady.

Cuando mi pareja murió en su mundo y el dios Schadenfreude le envió al mío, hubo una penalización por el uso de un perfume de imitación. Es ese que lleva él en su mano.

—Incluso en su último día de vida llevó esto en su bolsillo como una posesión valiosa, Er.

No necesita decir nada más. 

Él finalmente lo ha comprendido, lo utilizó hasta terminarlo. Algo que solo le identifica con él, a pesar de su molestia estuvo presente en su mente cada minuto durante todos esos meses.

—No importa lo que digan los demás ni cuanto intenten negarlo, soy testigo de lo que fue mi hermano mayor para la señorita Beckham. No una desgracia, tampoco una maldición, mucho menos un tormento.

Edward sonríe derramando lágrimas por sus ojos no para Cadence Beckham sino para su hermano mayor.

—Fuiste su luz.

***  

La procesión fúnebre continuó sin percances, aunque había cierta tensión entre los presentes y Edward tuvo que retirarse para solucionar otra emergencia que surgió en la editorial, los restos de Cady llegaron a su destino en silencio.

Las ceremonias luctuosas para un lobo son un poco diferentes, sin embargo el resultado es exactamente el mismo. Un hombre desconocido pronuncia unas palabras mientras otros hombres hacen bajar el ataúd. Ermenrich sigue acompañando a su nieto en completo silencio, debido a su presencia no se ha detonado ninguna riña. Ese hombre no derrama ni una sola lágrima, al igual que mi abuelo Remy, él sabe mantenerse sereno incluso durante las tragedias.

Parece un hombre frío, insensible, hasta que este golpetea suavemente en la espalda de su nieto de vez en cuando. Esto para alguien que no está acostumbrado a ser demasiado afectuoso es un gesto de cariño y comprensión.

El féretro alcanza la profundidad del foso, una pequeña orquesta comienza a tocar anunciando que comenzará el entierro. Sarah toma un puñado de tierra y se dispone a tirar primero cuando Josh se lo impide.

Resignada camina hacia su lado derecho permitiendo que Eardwulf lo haga primero. Con una precisión medida toma una cantidad considerable de tierra, los gránulos caen entre sus dedos mientras acerca el puño desde las alturas de los vivos. Todos esperan a que caiga el primer puñado que Eardwulf aún conserva en su mano.

Una vez caiga será el inicio de una oleada masiva de tierra hasta cubrir en su totalidad el ataúd. Cuando eso suceda, el cuerpo de Cadence Beckham quedará sepultado varios metros bajo tierra. Eligió un lugar con plaza doble en el cementerio familiar Eardwulf. El día que muera será sepultado en el mismo espacio lo más cerca posible de su esposa.

¿Cuál esposa? ¡Ni siquiera se han casado!

Pero eso a Eren Grant Eardwulf no le importa, para él son esposos, están unidos por el anillo en su dedo, nadie puede convencerle de lo contrario.

Con cuidado, casi como si esparciera polvos mágicos, todavía albergando la esperanza de que Cadence despierte y toque la campanilla de emergencia en su ataúd, deja caer aquel puñado lentamente hasta que su mano queda completamente vacía. Nada, todo sigue igual.

—Descansa en paz, mi Shätzchen.

De inmediato Sarah chasquea la lengua en su paladar y corre a tomar otro puñado de tierra que avienta con un tono desafiante sin dejar de mirar fijamente a Eardwulf desde el otro lado del foso mientras pronuncia “Descansa en paz, hermana”

Los hombres levantan la tierra con palas echando la tierra sobre aquel hoyo profundo, Josh también ayuda a cubrir este paleando con gran fuerza. Esto no sería imposible para un hombre en sus 30 años si no fuera lo renuente que está en que eso termine.

Había leído alguna vez de personas que fueron declaradas muertas e incluso después de varios días resultan vivas. Algunas despiertan a tiempo otras al exhumar el ataúd por diversos fines descubren rastros de arañazos en un intento desesperado por salir, a falta de oxígeno terminan falleciendo realmente.

Es por ello que aún quiere creer en un milagro.

Por supuesto eso jamás sucede.

No es hasta que está casi completamente cubierto el foso que nuevamente él siente la desesperanza. Aunque sabe por el frasco en su bolsillo que Cady le amó como él a ella, ese no es ningún consuelo. Por el contrario le causa más dolor el saberse correspondido sin poder celebrarlo. Ni siquiera habían podido comenzar aquella historia de amor.

Antes de terminar de cubrir la última capa de tierra, Sarah Bingley acomoda una caja de madera del tamaño de sus dos manos juntas. Dentro ha metido algunas de sus memorias así como deseos para ella en el más allá.

Eardwulf, ignorando que la mujer quizá se enfade por acercarse a Cady pues lo detesta hasta los huesos, acomoda un accesorio para cabello de un color marrón casi del tono del cabello de mi pareja.

Incluso hasta el final fue egoísta, aunque aquel accesorio fue muy importante para Cady, el verdadero objeto que debió devolverle era la liga con flores bordadas. Pero ese es su primer tesoro entre muchos otros que guarda secretamente en el cajón de su oficina.

Tesoros de los preciados momentos que vivió con Cadence Beckham.

Maika Maese

El día que Cadence dejó de existir no solo Eardwulf sufrió con su partida, sin embargo si fue el más afectado. Durante su funeral Sarah le remarca todo aquello en lo que estuvo mal, descubrió al igual que Ery, quien observa desde sus ojos como un lobo guía sin poder intervenir, que sus acciones fueron en parte lo que llevó a esa tragedia "¿Quién la ama más?" Ery repite la pregunta en silencio comprendiendo con gran pesar que también sus amigos vieron sus vidas cambiar abruptamente pues que ninguno de ellos podrá jamás superar su pérdida.

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