ADRIEL MATTIAS
Fruncí el ceño mientras miraba el boceto que la niña me había dado. Al cabo de un momento, de pronto me di cuenta de que estaba sonriendo. Recordé mi interacción con la niña; hablaba como una adulta. Me pregunté cuántos años tendría.
—Adriel.
Levanté el rostro del cuaderno de dibujo para mirar a quien me había llamado. Era Neville, que se acercaba a mí.
—¿Vamos a volver a la villa? —se sentó frente a mí. En lugar de responder, le mostré el cuaderno que tenía en las manos. Él frun