XENIAApreté los puños con fuerza, obligándome a no responderle. Si volvía a replicarle, quizá esta vez sí perdería mi trabajo. Pero no iba a olvidar lo que acababa de hacer. De hecho, solo consiguió que sospechara más de él… y que me sintiera aún más decidida a descubrir quién era realmente.Para alguien que se supone es el jefe de esta empresa, no se comportaba como tal. ¿Quién lanza un cuchillo a una empleada solo para presumir?Le forcé una sonrisa. Ni siquiera necesitaba responder a su pregunta; no tengo miedo de morir.En mi trabajo, el valor y la calma son esenciales. Todos mueren tarde o temprano, y yo hace mucho que acepté esa realidad.—Volveré a mi departamento, señor —dije, dándole la espalda.—¿Cómo dijiste que te llamabas? —preguntó Adriel.Me giré con educación, sin querer parecer grosera. —Caietta, señor. Caietta Morgan —respondí con formalidad.Adriel me miró en silencio, inexpresivo. Pasaron varios segundos y, al ver que no decía nada más, me di la vuelta otra vez, p
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