ADRIEL MATTIAS
Seis años después…
—Ahora dime, ¿quién te ordenó matarme? —pregunté con calma al hombre que gemía de dolor, con las manos atadas a la rama de un árbol y los pies colgando en el aire.
Le había dado varios puñetazos en la cara y en el estómago. Ni siquiera sus costados se salvaron. Cuando se le abrió una herida en el rostro por uno de mis golpes, recogí tierra y la presioné dentro de la herida, haciéndolo gritar de agonía. Era solo uno de los hombres que atrapamos y que querían acabar con mi vida. Tuvo mala suerte: llegamos a él primero.
—¡Bastardo, aunque me mates no te diré nada! —gritó, escupiéndome en la cara. La sangre se mezcló con su saliva.
Cerré los ojos con fuerza, luchando por contenerme y no acabar con él en ese mismo instante. Pero había llevado mi paciencia al límite, así que era hora de que ambos dejáramos de jugar. Si no iba a obtener nada de él, lo mejor era terminar con su vida inútil. No era más que una pérdida de tiempo.
Uno de mis hombres me pasó un p