XENIA
—J‑jefe, Golden Cross ha irrumpido en el área —anunció el hombre que acababa de llegar. Se sujetaba el costado y parecía tener dificultades para moverse. Instantes después, se desplomó en el suelo. Solo entonces me di cuenta de que había recibido un disparo, con la sangre manchando sus manos y su ropa.
—Tenemos que irnos ahora, jefe. Usted conoce a Golden Cross. No nos dejarán con vida —dijo uno de sus hombres con urgencia.
—Por supuesto. Pero primero lo mataré a él… ¡m**rda! —Yohan dejó