XENIA
Sentí a Adriel ponerse de pie. Momentos después, ya me estaba sosteniendo entre sus brazos. De inmediato rodeé su cintura con los míos y enterré el rostro contra su estómago. En ese punto, dejé salir por completo mis emociones y rompí en sollozos.
Adriel acariciaba suavemente mi espalda, como si intentara calmar lo que estaba sintiendo en ese momento. Pero no fue suficiente, porque cuanto más fuerte me abrazaba, más me dolía el corazón.
Ya no puede abrazarme así de fuerte. Nunca volveré a