El aire acondicionado de la suite, esa que ahora sabía que no podía pagar, zumbaba con una monotonía que me taladraba los nervios.
Tiré el bolso de diseño sobre la cama con una violencia que hizo que las costuras crujieran.
Me daba igual. Todo me daba igual en este momento.
La humillación en el lobby seguía quemándome en la garganta como ácido sulfúrico.
Podía cerrar los ojos y ver la mirada de suficiencia de Daniela, esa mujerzuela que se creía dueña del mundo solo porque Elliot Vance le h