La suite estaba sumida en una calma casi irreal.
La luz de la luna se filtraba por los ventanales, dibujando siluetas plateadas sobre las sábanas revueltas donde Daniela y Elliot aún se recuperaban de la intensidad de su entrega.
El aire olía a ellos, a una mezcla de deseo saciado y una vulnerabilidad que no figuraba en ningún contrato.
Daniela apoyó la cabeza en el pecho de Elliot, escuchando el latido rítmico de su corazón, sintiendo que, por primera vez, el mundo exterior no tenía permiso