El sonido de la puerta de la suite cerrándose fue el primer indicio de que Elliot había regresado de su misión en la recepción.
Daniela, sumergida hasta los hombros en la enorme tina de mármol, cerró los ojos y dejó que el aroma a lavanda y vainilla de las sales de baño inundara sus sentidos.
Necesitaba ese momento de suspensión.
El agua estaba a la temperatura perfecta, y las bombas de espuma habían creado una cordillera blanca y esponjosa que ocultaba su cuerpo, dejando solo sus hombros y