En cuanto la pesada puerta de madera de la suite se cerró tras ellos, el mundo exterior, con sus espías, sus deudas de tarjeta de crédito y sus gritos en el vestíbulo, pareció desvanecerse.
El silencio de la habitación era denso, cargado de una electricidad que no tenía nada que ver con la pelea de hace unos minutos.
Sin previo aviso, Elliot la tomó por la cintura y la atrajo hacia él con una urgencia que le cortó el aliento.
Antes de que Daniela pudiera pronunciar una palabra, sus labios est