Daniela apretó los tickets de cartulina satinada que la recepcionista acababa de dejar sobre el mostrador.
En sus manos, el papel se sentía pesado, casi como una prueba incriminatoria en una escena del crimen.
Cada rincón del lujoso vestíbulo del resort, con sus palmeras perfectamente podadas y su aroma a flores exóticas, le pareció de repente una trampa.
Retrocedió lentamente, ocultándose en las sombras de las columnas de mármol, tratando de que el suave chasquido de sus sandalias no delatar