La luz del atardecer en las Bahamas tenía una cualidad mágica, pero para Daniela, esa tarde el brillo parecía un poco más opaco.
Se despertó entre los brazos de Elliot, sintiendo el calor de su pecho contra su espalda y la seguridad de su abrazo.
Sin embargo, en cuanto la conciencia regresó por completo, el peso de la pelea con Thea se instaló de nuevo en su estómago.
—¿Sigue ahí? —murmuró la voz ronca de Elliot contra su nuca, sintiendo cómo el cuerpo de ella se tensaba.
Conocía ya lo sufici