Elliot Vance no había llegado a la cima del mundo financiero confiando en las palabras de los demás.
Su imperio se basaba en la lectura de métricas, en el análisis de las microexpresiones de sus adversarios y, sobre todo, en su instinto.
Y en ese momento, cada fibra de su ser le gritaba que Daniela le estaba mintiendo.
Después de dejarla descansando en la cama, arropada bajo las sábanas de seda que apenas unas noches atrás habían sido testigos de su entrega total, Elliot cerró la puerta del d