El silencio que siguió al estallido de Elliot fue tan denso que Daniela podía oír el zumbido eléctrico de la cafetera, un recordatorio mundano de la normalidad que se les escapaba entre los dedos.
Por un momento, atrapada entre el fregadero y la mirada inquisidora del hombre que amaba, Daniela sintió que el muro se desmoronaba.
Las palabras "estoy embarazada" bailaron en la punta de su lengua, empujando por salir, buscando el alivio de la confesión.
Estaba entre la espada y la pared, y la pr