EMILIA
Salimos de la casa sin mirar atrás. Mi familia estaba rota, mi mamá con su infidelidad había hecho tanto daño, que todos estábamos pagando el resulta de sus acciones. No miramos atrás porque nos íbamos a romper otra vez.
Sofía iba a mi lado en el asiento del copiloto, con los brazos cruzados, temblando como una hoja atrapada en una tormenta. Sus mejillas seguían húmedas, los ojos hinchados, el rímel corrido, y el alma hecha trizas.
Encendí el auto. El silencio era tan espeso que podía c