EMILIA
Me detuve en seco al escuchar cómo mi papá mencionaba mi nombre. No sabía qué figuraba en esa conversación, pero no tenía nada bueno. Así lo notaba yo, pues, ¿qué podía pensar?
— Emilia es mi hija, pero también es un eslabón débil. . . —Sentenció con ese tono bajo y autoritario que usaba cuando quería que el mundo se inclinara ante él.
Fue como si el aire se congelara de golpe. El pasillo, que hasta hace unos segundos solo era un espacio frío y silencioso del hospital, se convirtió en un