EMILIA
— Si se te ocurre hacer algo, no tienes idea de con quién te estás metido, Lucinda —. Escuchamos la voz de Thomas con un tono amenazante.
El pasillo del hospital parecía no tener fin. Las luces blancas del techo parpadeaban de manera intermitente, como si el edificio entero respirara con dificultad. Caminábamos en silencio, mi hermana y yo, nuestras pisadas amortiguadas por el suelo plastificado y el temblor que se extendía por mis brazos. Aún tenía la piel erizada después de escuchar aq