BRANDON
El primer rayo de luz filtrado entre las cortinas de la recámara fue un testigo silencioso del caos de la noche anterior. Abrí los ojos despacio, sin prisa, como si mi cuerpo no quisiera separarse del calor que aún se aferraba a las sábanas.
A mi lado, Emilia dormía en mis brazos, el cabello desparramado como seda sobre la almohada y parte de mi pecho, las pestañas largas tocando suavemente sus mejillas. Me quedé un rato observándola en ese estado de paz que solo ella podía mostrar despu