EMILIA
Nos quedamos así, enredados entre las sábanas, con las respiraciones, apenas volviendo a la normalidad. Brandon jugaba con un mechón de mi cabello, y yo apoyaba la cabeza sobre su pecho, escuchando los latidos tranquilos, como si por fin hubiésemos encontrado ese lugar seguro al que regresar después de la tormenta.
De pronto, me invadió un antojo tonto, de esos que llegan cuando la vida, por fin, parece dulce.
— Brandon —. Murmuré, dejando que mi voz se apagara en su piel— ¿Sabes de qué t