BRANDON
El celular vibró en el bolsillo interior de mi saco. Era Adam.
Suspiré y me pasé una mano por el rostro, todavía sintiendo en el pecho la onda expansiva de lo que acababa de pasar con Emilia. No tenía cabeza para otra cosa. Le había respondido y me había pedido que fuéramos por una copa, pero no estaba de humor para eso. Lo único en lo que pensaba era en mi esposa y la enorme verdad que le acababa de soltar.
Respondí con voz seca, más por agotamiento que por molestia.
— ¿Qué pasa?
— Nec