A diferencia de Noah, que siempre se había esforzado por proyectar la imagen del heredero perfecto, aquel hombre impecable que no cometía errores y que se movía con una rectitud envidiable ante la sociedad, Benedict Campbell era la antítesis de la moralidad convencional. Era un hombre frío, oscuro y pragmático, a quien le importaba una mierda quedar como un buen ciudadano ante los ojos de los demás. Benedict sabía que no era un santo y no tenía la menor intención de pretender serlo. Desde que a