Noah aprovechó el cambio de turno de las enfermeras para deslizarse en la habitación de la UCI con la agilidad de una sombra. El pitido rítmico de los monitores era el único sonido que llenaba el espacio aséptico, anunciando que la vida de Mariana pendía de un hilo. Cuando se acercó a la cama, vio que ella tenía los ojos abiertos, fijos en el techo blanco con una expresión de extravío. Pero en cuanto Mariana sintió la presencia de alguien a su lado y giró la cabeza para verlo, el monitor cardía