Todo en el hospital había sido un caos absoluto, una marea de uniformes blancos y pitidos de máquinas que martilleaban los oídos de Noah. Sus nervios estaban peor que nunca, deshilachándose con cada segundo que pasaba; por eso se rehusó tajantemente a apartarse de ese pasillo. Como esposo legal, su prioridad sobre los demás era un derecho que pensaba ejercer hasta las últimas consecuencias. Sabía que si ella recobraba el habla, él debía ser el primero en entrar, el primero en verla, para asegur