La habitación era grande y olía a incienso.
Había cortinas de colores sensuales en las paredes y en la ventana, todo muy femenino y provocativo.
Dimitri intentó no hacer ruido al entrar en la habitación donde yacía César Windsor. El lobo estaba tumbado en una cama grande, con mantas rojas que le cubrían hasta la mitad del pecho.
El lobo tenía una mano en el pecho y los ojos cerrados. Dimitri se acercó despacio y se apoyó en un armario que había en un rincón alejado de la cama.
Escrutó la