El grupo avanzaba a toda prisa por el oscuro corredor, guiados por las instrucciones de Karim, que mantenía su mirada fija en la pantalla de su laptop mientras caminaba apresuradamente detrás de Samer. Cada paso resonaba en el eco de las paredes, y el aire parecía cada vez más pesado. Los sonidos de los perseguidores se alejaban, pero nadie se atrevía a bajar la guardia.
—Por aquí —dijo Karim, señalando una escalera al final del pasillo—. El túnel está en el sótano.
Samer asintió y bajó primero