La camioneta negra avanzaba por las calles poco iluminadas, moviéndose con una precisión casi militar. Samer conducía con una calma aparente, pero cada movimiento de sus manos en el volante delataba la tensión acumulada. Agatha, sentada en el asiento del copiloto, no dejaba de mirar el mapa desplegado en la pantalla de su teléfono, asegurándose de que no se desviaran del camino. Detrás de ellos, Karim revisaba su equipo portátil una vez más, sus dedos moviéndose rápidamente por el teclado.
—Est