La noche era un manto silencioso mientras el grupo se resguardaba en un pequeño almacén abandonado en las afueras de la ciudad. Samer revisaba las armas en una mesa improvisada mientras Karim descargaba información en su laptop, sus dedos moviéndose a toda velocidad sobre el teclado. Agatha observaba desde un rincón, tratando de calmar los latidos frenéticos de su corazón. Aunque estaba exhausta, sabía que no podían permitirse un descanso.
—¿Cuánto tiempo más necesitas? —preguntó Samer, sin lev