El día avanzaba lentamente tras el encuentro con Karim, pero la tensión entre Agatha y Samer era palpable. Ambos sabían que lo que tenían entre manos podría no solo destruir a Al-Fayed, sino también poner sus vidas en peligro de manera irreversible. De vuelta en la mansión, el silencio era tan denso que casi se podía cortar con un cuchillo.
Samer, sentado frente a su escritorio, estudiaba los documentos que Karim había entregado. Cada archivo contenía pruebas contundentes de las actividades ilí