La noche cayó sobre la ciudad y, con ella, el silencio inquietante que a veces acompaña los momentos previos a una tormenta. Agatha no podía dejar de pensar en el correo anónimo que habían recibido. Si Al-Fayed estaba protegiendo algo más grande, entonces su plan podría ser aún más peligroso de lo que habían anticipado. La presión aumentaba, pero el tiempo seguía siendo su enemigo.
Samer estaba en su despacho, revisando las últimas estrategias de ataque. Había estado en contacto con sus aliados