Pasaron varias semanas desde que Agatha y su equipo enviaron la información al periodista, y la tensión en la oficina era casi palpable. Al-Fayed había intensificado su vigilancia, aumentando la presión sobre los empleados y mostrando una actitud aún más intimidante. Los rumores de despidos se convirtieron en una sombra constante, y Agatha sentía que el miedo comenzaba a filtrarse en su grupo de aliados.
Una tarde, mientras Agatha revisaba documentos, recibió un mensaje urgente de Samer: “Debem