Agatha se quedó mirando a Samer mientras él planeaba los próximos pasos con una calma imperturbable. Lo que la sorprendía no era la situación peligrosa en la que se encontraban, sino cómo Samer, tan racional y controlador, parecía tener todo bajo control, incluso ante la posibilidad de ser atacado desde dentro de su propia empresa. Ella no estaba acostumbrada a ese tipo de frialdad.
“No podemos dejar que Al-Fayed siga ganando terreno,” dijo Samer con la mirada fija en un punto lejano. “Necesita